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Catas verticales

Para los amantes del vino es una verdadera experiencia asistir a una cata vertical. Pero: ¿de qué trata y por qué despierta interés esta práctica?

La cata vertical permite apreciar la evolución un vino según el paso del tiempo. Son degustaciones de un mismo vino, pero de distintas añadas. En general este tipo de práctica se realiza con grandes vinos o las etiquetas ícono de las bodegas que generan una atracción especial. Es ideal para los expertos que desean conocer la evolución y  la capacidad de guarda de una misma etiqueta. Al ser cada cosecha diferente por sus características climáticas y las condiciones de cada año, los resultados se ven reflejados en  la personalidad de los vinos.

De este modo, las catas verticales invitan a descubrir las diferencias, los colores, los aromas, las texturas,  las particularidades de cada cepa y qué logro el enólogo en cada cosecha. Incluso es posible detectar  si hubo cambios en los procesos de elaboración. Esto no quiere decir que un año sea mejor que otro, sino que son distintos. Para ello, se necesita haber guardado las añadas de un vino determinado en óptimas condiciones de temperatura y humedad con el fin de que puedan expresar lo mejor de sí.

Un dato importante a tener  en cuenta sobre los vinos elegidos es que deberán poseer un potencial de guarda no inferior a cinco años. Con esto, nos aseguramos que el vino esté preparado para una cata vertical: con el tiempo en botella ganará complejidad, armonía y se volverá más “redondo”.  Habrá que pensar si ese vino necesita ser decantado o si con solo abrir la botella, con cierta anticipación, es suficiente. Son admirables los cambios que se observan en la copa con el pasar de los minutos. Y vale la pena esperar para ver los cambios.

Pero hay un componente, el emotivo, que suele tener su cuota de importancia, esto implica entender qué significó para el dueño haber comprado tal o cual añada, si le costó obtenerla, si fue un regalo especial, si la compró en una visita a la bodega o qué valor simbólico le otorgó a ese exponente. En fin, las degustaciones son subjetivas y la predisposición de cada uno va a influir en el momento en que se realiza la cata.

Un gran vino merece una gran cata, así fue como hace un tiempo atrás, en nuestra sala de cata de Grand Cru recibimos a un grupo de invitados y periodistas para hacer una cata vertical de Altaïr, un blend ultra Premium, de la viña chilena con el mismo nombre. La cata incluyó las cosechas 2002, 2003, 2004, 2005, 2006, 2007 y 2008 de este assemblage elaborado en el Alto Cachapoal, en Chile. La composición de cada una de las añadas fue variando el corte a criterio de su creadora, la enóloga Ana María Cumsille. La cata vertical permitió comparar y conocer las diferentes etapas de evolución y las distintas expresiones de su terrior de origen. Este blend demostró su buen potencial de guarda y  que su perfil coincide con un vino del Nuevo Mundo.

Y puede haber muchas más experiencias interesantes, solo resta animarse al desafío y, claro, ser paciente con la guarda de cada uno de los vinos elegidos.

 

Para saber de vinos

¿Cómo y dónde catar los mejores vinos? Sugerencias para degustar vinos nacionales e importados.

Si hay algo en que todos los profesionales del mundo del vino están de acuerdo es que para llegar a ser un experto en la materia, hay que probar la mayor cantidad de vinos posibles. Y no solo de la Argentina, también de todo el mundo. El sentido del gusto hay que ejercitarlo diariamente, como un músculo.

Una buena opción para conocer nuevos caldos es asistir asiduamente a las distintas ferias de vinos que se llevan a cabo en el país. Una de las más destacadas es Vinos de Lujo, que todos los años se lleva a cabo en el hotel Alvear. En esta feria cada bodega presenta sus mejores exponentes y, afortunadamente, se descorchan todos los vinos, hasta los más caros. Otra ventaja es que todos los stands de las diferentes bodegas son atendidos por los mejores Sommeliers de la Argentina, como así también enólogos, ingenieros agrónomos y hasta los propios dueños. De esta manera, podemos hacer preguntas técnicas sobre cómo fue la vendimia, cuántos meses de paso por roble tuvo el vino, etc. El ambiente es súper agradable y distendido. Eso sí, recomiendo ir temprano, para catar con más tranquilidad y, por supuesto, escupir absolutamente todo.

¿Y para catar vinos importados?

Aquí el tema es más complejo, ya que es realmente difícil encontrar vinos de otros países. Por suerte hay unas pocas vinotecas que se especializan en este rubro. Lo fundamental es entender lo que cada región nos puede llegar a dar, tanto en aromas como en sabores. Y también entender la filosofía de cada productor.

Un buen plan para degustar caldos importados es reunirse con amigos amantes de Baco y comprar 4 o 5 botellas de vino del mismo país entre todos. Por ejemplo: se puede empezar por Chile o Uruguay, luego pasar por España, Italia y Francia. Una vez que estemos más instruidos, podemos hacer degustaciones de diferentes productores de una misma denominación de origen, por ejemplo Bordeaux. Si nos gusta la cocina y tenemos tiempo, podemos elaborar un menú regional especial, según el país que elijamos. Este es un mundo fascinante, divertido e interminable, por eso es mágico.

Vinos diferentes para variar del Malbec o el Cabernet

Cepas no tradicionales como Albariño, Pinot Noir o Merlot también tienen etiquetas excepcionales.

 No hay nada más aburrido que comer siempre la misma comida, día tras día. Milanesas con puré, hamburguesas, pollo al horno…

Mentes cerradas, paladares monótonos: con el vino pasa lo mismo. Del Malbec al Cabernet, y lo que es peor todavía, casarse con una bodega, bebiendo toda la vida una sola etiqueta. Oh my God!

Empecemos de a poco, pero el cambio siempre es positivo. La bodega uruguaya Bouza, quizá una de las mejores de Sudamérica, se animó a cultivar una uva de origen español, la Albariño. Siempre en partidas limitadas, esta bodega familiar logra vinos únicos y con carácter. En el caso del Albariño, un 20% del vino fermenta en roble, lo que aporta densidad y aromas diferentes al caldo. Frutas tropicales, cítricos y especias junto a un paladar untuoso y fresco, hacen de este, un ejemplar que se puede guardar algunos años en la bodega. Delicioso.

El Valle de Leyda es una de las nuevas DO de Chile que más está dando que hablar. Históricamente era una zona ganadera, hasta que en el año 1997 llegó Viña Leyda a la región. Bodega pionera en este valle; creó la nueva Denominación de Origen, D.O. Valle de Leyda, en el año 2002. Los viñedos están muy cerca del mar, más exactamente a 7 km y, esta particular orientación geográfica,  aporta una frescura especial a los vinos tan cuidadosamente elaborados. El Pinot Noir de alta gama llamado “Lot 21” es una pequeña obra de arte. Con un promedio de 3.000 botellas al año, es un vino sutil, frutado y complejo. Uno de los mejores Pinots de Chile, con una elegante impronta.

De otro lado de la cordillera, en la  Patagonia argentina, la exclusiva bodega Chacra, ubicada en el Valle de Rio Negro, no solo produce el mejor Pinot Noir Argentino, también elabora un Merlot de excepción. Se llama “Mainqué” y se elaboran solo 5.000 botellas promedio por año. A pesar de sus 24 meses de reposo en roble francés, el vino es suave, con una personalidad única, complejo y seductor. En boca es elegante como ninguno. Su frescura y taninos auguran una buena guarda. El final es largo e inolvidable. Vinazo!

Ezequiel Schneer, Sommelier.