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Un accesorio clave del vino: el decanter

¿Decantar o no decantar? Aquí las claves para saber cuándo decantar un vino.

¿Cuántas veces nos preguntamos si hay que decantar un vino? Este es uno de los puntos más intrigantes porque cada profesional tiene su estilo. No hay ninguna verdad al 100 por ciento y esto suma a la magia del fascinante mundo del vino.

 

-“El vino se decanta cuando presenta sedimentos”.

En esto sí estamos todos de acuerdo. Imaginen una copa de vino turbia, con partículas flotando en la superficie. No solo altera la visual, sino también alterará nuestros sentidos, sobre todo, el paladar. Si hay sedimentos: Decantar!.

 

-“El vino se deja una hora en el decanter”

Acá ya entramos a un terreno más complejo. Muchos vinos añejos y delicados pueden perder sus más preciados aromas en esa hora. Hay que tener en cuenta la sutileza de cada caldo. Sí hay algunas botellas que mejoran con horas de decanter, ciertos Barolos o Chateauneuf du Pape. Cuestión de ensayo-error.

 

-“Yo no decanto, con una buena copa es suficiente”

Ojalá fuese tan sencillo. Es verdad que es más cómodo, una buena copa ayuda a la oxigenación del vino, ahorrándonos tiempo y trabajo. Pero, a veces, ciertos vinos necesitan ser decantados para expresarse al 100 por ciento.

 

-“Los vinos jóvenes hay que trasvasarlos”

En este tema también están de acuerdo la mayoría de los sommeliers y amantes del vino.  Los vinos jóvenes necesitan oxigeno para liberar todas sus partículas aromáticas y calmar su natural nerviosismo. En este caso no habrá sedimentos, por eso se llama “trasvasar”.

 

-“Los blancos no se decantan”

Si. Los blancos también se decantan. A veces pueden presentar cristales naturales o incluso una mínima borra. Además, los grandes vinos blancos franceses, se mostrarán en su máximo esplendor en un lindo decanter, donde el color y los aromas complejos nos alegrarán la vida.

 

En resumen, este no es un tema simple. Lo ideal es experimentar con diferentes caldos, e ir sacando nuestras propias conclusiones. En lo personal, si tengo tiempo, decanto!.

Ezequiel Schneer, Sommerlier.

Guarda de vinos

El vino es el resultado del jugo de uvas fermentado. En general, el mayor porcentaje de los vinos del mundo está listo para beber unos meses después de elaborado. Pero un reducido grupo de caldos, con características especiales, como: lugar de origen de las uvas, clima, suelo y la mano del hombre, tiene que descansar en la botella un determinado tiempo para entregarnos toda su riqueza.

Siempre, en buenas condiciones de guarda, respetando la temperatura y humedad ideal, los vinos evolucionan con paz y tranquilidad, suavizando sus taninos y alcanzando el tan preciado bouquet aromático producto de la crianza.

En Francia, los Grand Cru de Burdeos, en las grandes añadas, pueden mejorar en botella durante 15 años o incluso más en el caso de los mejores Chateaux. Hay grandes botellas de Cheval Blanc 1947 que todavía están impecables, Petrus 1982 es otro ejemplo.

En Sauternes, sur de Bordeaux, se encuentra uno de los vinos más longevos del mundo, el Chateau D’Yquem. A veces llamado oro líquido, ya que se puede guardar más de 100 años gracias a sus elevados índices de azúcar y acidez que actúan como conservantes naturales.

También hay grandes vinos de guarda en Borgoña, Ródano y en la región de la Champaña. Por su parte, Italia tiene los Barolos y Barbarescos en el Piamonte, y en la Toscana los clásicos Brunellos di Montalcino.

Muchos coleccionistas compran este tipo de vinos de guarda para beberlos en su mejor momento y muchos otros los adquieren como inversión, ya que estos vinos van subiendo sus precios a medida que pasa el tiempo. Algo que recomiendo es comprar muchas cajas del mismo vino y abrir uno cada 6 meses para ver cómo va evolucionando a través del tiempo. Es sorprendente como puede cambiar un vino en el transcurso de un año. Además hay que tener en cuenta que no hay grandes vinos, sino grandes botellas!!

 Ezequiel Schneer, Sommelier