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Vinos Single Vineyard: ¿por qué son tan buscados?

En el mundo del vino hay conceptos que se ponen de moda y otros que dejan de usarse, si hace algunos años atrás fue el boom de la palabra varietal, hoy la clave son los Single Vineyards y, en muchos casos, asociados a los vinos de alta gama. Los Single Vineyards provienen de un único viñedo porque es la manera en que se puede descubrir la identidad de un lugar o una zona vitivinícola determinada, es decir que son vinos elaborados con uvas de una misma finca.

Los Single Vineyards se promocionan desde la etiqueta y llevan, según algunos productores, algo así como el sello de origen en la botella, el vino es reflejo de su terruño, es su fiel expresión y tiene la personalidad del lugar, expresa los aromas y sabores de la madre naturaleza. Y a los factores y condiciones climáticas de cada lugar hay que sumarle la intervención del hombre, la mano de sus hacedores y cómo éstos intervienen para lograr la expresión más autóctona de cada terroir.

¿Por qué las bodegas se esmeran en elaborar sus Single Vineyard? Para explotar el potencial máximo de un área específica o de una finca, con todo lo que eso implica. Un Single Vineyard representa a su terruño, es un portador del ADN del terroir, sumado a  la impronta de la bodega y su estilo.

La bodega Tapiz viene trabajando en algunos de sus vinos con el concepto de Single Vineyard, en su Finca de Valle Único de San Pablo, en Valle de Uco, Mendoza, a 1.350 metros sobre el nivel del mar. De allí provienen un Sauvignon Blanc  y su vino top,  Black Tears, un Malbec ultra‐premium de edición limitada que obtuvo importantes reconocimientos por la crítica internacional. Es un vino memorable, con gran potencial de guarda, un  ejemplar único por su complejidad y equilibrio.

Catas verticales

Para los amantes del vino es una verdadera experiencia asistir a una cata vertical. Pero: ¿de qué trata y por qué despierta interés esta práctica?

La cata vertical permite apreciar la evolución un vino según el paso del tiempo. Son degustaciones de un mismo vino, pero de distintas añadas. En general este tipo de práctica se realiza con grandes vinos o las etiquetas ícono de las bodegas que generan una atracción especial. Es ideal para los expertos que desean conocer la evolución y  la capacidad de guarda de una misma etiqueta. Al ser cada cosecha diferente por sus características climáticas y las condiciones de cada año, los resultados se ven reflejados en  la personalidad de los vinos.

De este modo, las catas verticales invitan a descubrir las diferencias, los colores, los aromas, las texturas,  las particularidades de cada cepa y qué logro el enólogo en cada cosecha. Incluso es posible detectar  si hubo cambios en los procesos de elaboración. Esto no quiere decir que un año sea mejor que otro, sino que son distintos. Para ello, se necesita haber guardado las añadas de un vino determinado en óptimas condiciones de temperatura y humedad con el fin de que puedan expresar lo mejor de sí.

Un dato importante a tener  en cuenta sobre los vinos elegidos es que deberán poseer un potencial de guarda no inferior a cinco años. Con esto, nos aseguramos que el vino esté preparado para una cata vertical: con el tiempo en botella ganará complejidad, armonía y se volverá más “redondo”.  Habrá que pensar si ese vino necesita ser decantado o si con solo abrir la botella, con cierta anticipación, es suficiente. Son admirables los cambios que se observan en la copa con el pasar de los minutos. Y vale la pena esperar para ver los cambios.

Pero hay un componente, el emotivo, que suele tener su cuota de importancia, esto implica entender qué significó para el dueño haber comprado tal o cual añada, si le costó obtenerla, si fue un regalo especial, si la compró en una visita a la bodega o qué valor simbólico le otorgó a ese exponente. En fin, las degustaciones son subjetivas y la predisposición de cada uno va a influir en el momento en que se realiza la cata.

Un gran vino merece una gran cata, así fue como hace un tiempo atrás, en nuestra sala de cata de Grand Cru recibimos a un grupo de invitados y periodistas para hacer una cata vertical de Altaïr, un blend ultra Premium, de la viña chilena con el mismo nombre. La cata incluyó las cosechas 2002, 2003, 2004, 2005, 2006, 2007 y 2008 de este assemblage elaborado en el Alto Cachapoal, en Chile. La composición de cada una de las añadas fue variando el corte a criterio de su creadora, la enóloga Ana María Cumsille. La cata vertical permitió comparar y conocer las diferentes etapas de evolución y las distintas expresiones de su terrior de origen. Este blend demostró su buen potencial de guarda y  que su perfil coincide con un vino del Nuevo Mundo.

Y puede haber muchas más experiencias interesantes, solo resta animarse al desafío y, claro, ser paciente con la guarda de cada uno de los vinos elegidos.